El método mecanográfico

El escaso progreso que se advierte en el nivel general de preparación de esta asignatura y las perspectivas que ofrecen las nuevas tecnologías, son motivo suficiente para tratar de colaborar en lo posible en el desarrollo de una empresa de tan indudable interés como es la “Mecanografía”.

Sin embargo nuestra colaboración, por ser sincera, no quiere decir que se limite a proclamar deseos, aprobar situaciones o alentar propósitos, sino que ha de consistir en aportar mucha experiencia sobre esta materia en la confianza de que ha de ser de excepcional ayuda a aquellas personas que necesariamente dependen de ella para obtener un puesto de trabajo y por lo tanto estabilidad económica y social.

En este sentido, y siendo la enseñanza de esta especialidad el objetivo principal, debemos advertir que precisamente en este sector es en el que la mecanografía ha sido siempre un tema muy controvertido. según se verá más adelante en estas informaciones dedicadas a glosar sus aspectos mas importantes.

El origen de esa controversia es muy diverso pero predomina el desconocimiento general de una técnica que trata de acabar con la anarquía y personalismo en la práctica de esta actividad, un problema que ha sido resuelto por Ángel Liébana, al obtener en 1936, el Primer Campeonato Nacional de Mecanografía y así abrir el camino de la escritura al “tacto”, dotándola de la técnica que necesitaba.

Ya no existe el problema, como ocurría antes, en cuanto si procede o no ajustarse a la disciplina de un determinado sistema para aprender a escribir a máquina. Si existe, en cambio, ante la diversidad de sistemas, el de discernir cuál es el más adecuado. Decisión que representa un verdadero dilema para el profano, no siempre fácil de resolver. Y ello porque en el caso de la mecanografía, bien o mal, se termina escribiendo a máquina, como bien o mal se hacen otras muchas cosas; pero estos resultados se deben al mayor o menor automatismo que normalmente se consigue como consecuencia de la práctica y la repetición, sin llegar a comprender que tales resultados se pueden haber conseguido de manera tan imperfecta que es muy posible haberse cerrado, quizá para siempre, el camino de las velocidades superiores.

Por otra razón, el tema didáctico que contiene nuestro sistema está basado, entre otros, en el natural principio de que la mecanografía no puede hacer más que lo que le permite el teclado.

Para ello el alumno sólo necesita disponer de las elementales normas de procedimiento que le ayuden a educar las manos, que es lo que pretende el sistema, abandonando la generalizada idea de que son las palabras de los ejercicios las que enseñan a escribir sobre un ordenador.

Esta afirmación, aparentemente retórica, tiene una explicación. Cuando entregamos a un alumno una serie de ejercicios que comienzan por letras, siguen con sílabas y terminan con palabras, al sustituir estas palabras por otras distintas, el alumno sigue copiando las nuevas palabras con la soltura y normalidad que la hacía con las anteriores. Esto demuestra que, al margen de las palabras, es el procedimiento el que se encuentra ya en sus manos, el que verdaderamente interesaba al alumno conseguir.

Nuestro sistema se puede desarrollar indistintamente sobre cualquier teclado, bien mecánico (máquinas mecánicas) o bien informático (ordenadores), si bien al principio, nuestra enseñanza la desarrollamos sobre un teclado mecánico, ya que los dedos y las manos tienen mayor protagonismo que en los teclados informáticos. Este protagonismo lo precisan las manos para llevar a cabo sus acciones y movimientos que la educación de los dedos requieren, así como la necesidad de flexionarlos, recogerlos, moverlos alternativamente y en otros casos para alcanzar la rigidez como es el caso de los meñiques; digitar en las condiciones de destreza, flexibilidad, colocación, distancias entre ellos y las filas del teclado, y en fin todo lo que conduce a una verdadera “educación” de las manos y sus dedos para el correcto aprendizaje y posterior profesionalización de esta asignatura. No obstante, después de cierto porcentaje de la instrucción del sistema se termina sobre un teclado informático y no hay ningún obstáculo ni problema de adaptación para terminar los últimos ejercicios y posteriormente las prácticas sobre un ordenador.

Este procedimiento posiblemente se desarrolle únicamente en esta Federación, pero si observamos el curriculum del autor, máxima autoridad desde 1936 en esta materia, tanto en España como en el extranjero y los opositores (hoy funcionarios) preparados con una media de 400 pulsaciones por minuto en adelante, en la mayoría de los casos, no procede especular sobre cómo se imparte esta especialidad, ni en la forma, ni en el fondo.