La “técnica”, en general, es el procedimiento, el medio del que el hombre se vale para manifestar su actividad. El éxito o el fracaso de aquella dependen del mayor o menor acierto en el procedimiento adoptado, caso este último que puede suceder tanto si se adopta un sistema inadecuado como si no se sigue ninguno.

SMITH PREMIER

La escritura mecanográfica es una actividad que, al no contar en sus comienzos con una base didáctica ya consagrada, hubo que crearla de manera específica, creación y desarrollo que hay que atribuir fundamentalmente al profesionalismo mecanográfico, que fue el que la dotó de una técnica que no poseía. Dicha técnica se pone de manifiesto con sólo comparar la diferencia que existe entre la forma en que hoy se practica y desarrolla esta clase de escritura con la que durante mucho tiempo se vino desarrollando y practicando, diferencia que se explica porque en el primer caso el procedimiento se realiza ya de acuerdo con determinados principios o teorías que, en definitiva, configuran la base de una indudable técnica.

TEORÍAS BÁSICAS

Dos son las teorías básicas del sistema mecanográfico. La primera, derivada de la teoría económica sobre la división técnica del trabajo, consiste en la división del teclado entre ambas manos (descomposición del trabajo, según el economista alemán Karl Búcher) y asignación de cierto número de teclas entre los dedos de cada mano (incorporación de esfuerzos, según el economista francés Charles Gide), técnica con la que disminuye el campo de acción de las manos y aumenta, en cambio, la capacidad operativa de los dedos, lo cual conduce al automatismo y con él a la velocidad.

En relación con estos movimientos mecánicos, el profesor de Fisiología Descriptiva de la Universidad de Nueva York, Roberto Rezac Dongall, escribía que “la transmisión del esfuerzo laborioso de esa clase de movimientos es, a veces, la base misma de la ejecución de cualquier actividad que comporte destreza, y su resultado, aumento notable de rapidez y seguridad”. Pero sucede que el automatismo, con ser importante, no lo es todo en la escritura mecanográfica ya que, una vez que se ha manifestado, lo hace ciega e involuntariamente y, por tanto, no distingue si los movimientos que realiza son o no correctos y adecuados al fin que se persigue. Por esta razón tales movimientos han de ser estudiados antes de automatizarse, función que ya se sale del ámbito de aplicación de esta teoría para entrar en el de la llamada “teoría del movimiento”.

LA TEORÍA DEL MOVIMIENTO

La llamada teoría del movimiento, de cuyas leyes y principios se ocupan la cinética y la dinámica, es una teoría que mecanográficamente afecta tanto a la máquina de escribir u ordenador como a las manos. A las primeras, por lo que atañe al funcionamiento y disposición que para la escritura presentan en

Posición lateral

 ella sus órganos principales y demás dispositivos; a las manos, en cuanto a la necesidad de adaptarse al teclado de acuerdo con sus peculiares características, con el fin de conseguir la mayor economía de movimientos, suprimiendo los inútiles e innecesarios.

LA GUÍA MECANOGRÁFICA

HAMMOND

Además de tales ventajas, pero ya formando parte del procedimiento, aún existe otro medio de control de los dedos. Este recurso se encuentra en la llamada “guía mecanográfica” que es, sin duda, el que más problemas ha planteado a escritores de libros, profesores y alumnos en la enseñanza mecanográfica.

En efecto, en relación con la guía mecanográfica existen varias y distintas normas en los libros, aunque también a veces no existe ninguna. En unos casos se aconseja utilizar las teclas laterales como guías y en otras, las teclas de la fila normal, desde las que han de irradiar los movimientos de los dedos hacia las demás teclas, volviendo después al punto de partida. A esto se viene a llamar por algunos profesionales el “principio de la mano fija”. En otros casos, al no existir ninguna norma, su ausencia se sustituye por continuas e inútiles advertencias al alumno para que no mire al teclado.

Ahora bien, la finalidad de la guía no es otra que la de disponer de un punto de partida en el teclado para desde él poder ir a los demás; pero ese punto de partida no tiene que estar situado

DACTYLE

 necesariamente en las teclas laterales o en las teclas de la fila normal, que debe utilizarse sólo como de orientación y arranque, sino que la “guía ha de ser móvil” y puede situarse en cualquiera de las teclas de cualquier fila, ya que en este caso todas las teclas, mediante un continuo desmarque de los dedos, pueden ser guías de las demás. De este modo, sin perder el contacto con el teclado ni de la guía, aunque sea distinta, a medida que los dedos escriben se van liberando continuamente, con lo cual ganan en independencia, fuerza y rapidez.

Por último, existe la creencia, muy generalizada, de que la velocidad mecanográfica se produce como consecuencia de la rapidez de los dedos, lo cual no es absolutamente cierto. La velocidad, de acuerdo con la teoría de Taylor, no consiste en la aceleración de los movimientos, sino en “supresión de los inútiles que realizamos”.

En efecto, la velocidad escribiendo por el sistema de tacto, como ocurre también en taquigrafía, no es dactilar o manual, sino mental, porque con dicho sistema los dedos no se mueven impulsados por la vista, sino que a través de un proceso cerebral, actúan por lo que aquél concibe. De ahí que para la velocidad mecanográfica tenga tanta importancia el sentido de anticipación, que es de origen mental. Gracias a dicho sentido, los dedos, al operar sobre el teclado en una continua función de desmarque, no van a las teclas en el instante en que se produce la necesidad de pulsarlas. Cuando llega ese momento, los dedos ya están allí; pero hay que entender que si el cerebro es el que dirige los movimientos de los dedos, para que éstos puedan ejecutarlos tienen que haber recibido desde el principio la educación a que nos venimos refiriendo.

Esta teoría, perteneciente al campo de la cinética o teoría del movimiento, es muy conocida y practicada en sus entrenamientos por cuantos profesionales aspiran al triunfo en los Campeonatos Mundiales de Mecanografía y Taquigrafía “Intersteno”. Sobre ella escribió Miss Owen: “Yo serví de modelo a un conocidísimo profesional del estudio de los movimientos, el cual sacó fotografías de mis manos y de mis dedos escribiendo a máquina. El resultado de ellas mostró el recorrido exacto de los dedos. Tan fieles eran las fotografías, que un reloj maravilloso empleado con el aparato, marcó exactamente el tiempo que yo tardaba en hacer cada movimiento” Y añadía: “Es seguro que tales fotografías serán algún día de utilidad práctica. Por lo que a mí se refiere, me enseñaron cómo podía eliminar ciertos movimientos nocivos para adquirir mayor velocidad y eficiencia en general”.