En los finales del siglo XIX el profesor de Portland Bates Torrey publicó un método con el título “Manual de Prácticas Mecanográficas”, en el cual por vez primera figuraba la palabra “tacto” para designar este sistema de escritura, nombre con el que desde entonces se conoce la “mecanografía al Tacto”.

Pero a partir de entonces, ocurrió con la mecanografía lo que en su día había ocurrido con la máquina, esto es, que proliferaron los métodos, siendo muchos los que sin la profesionalidad necesaria se lanzaron a publicar el suyo, apoyados por una activa propaganda en la que cada autor aseguraba haber encontrado el procedimiento más sencillo y rápido para el aprendizaje de la mecanografía.

Produce verdadero asombro comprobar la cantidad de métodos y recursos de toda índole que en forma de libros, estudios, investigaciones más o menos científicos y sofisticados aparatos circularon y, en cierta medida, siguen circulando en torno a la enseñanza mecanográfica. Desde métodos de veinte a treinta ejercicios hasta los que comprenden tres o más libros con un interminable rosario de ejercicios, el campo de aprendizaje de la mecanografía se ha visto invadido por una extensa gama de métodos con un amplio muestrario de ejercicios sin tasa ni medida y, lo que es peor, con normas a todas luces contradictorias cuando no equivocadas e innecesarias.

Hoy día todo está acompañado por una serie de publicaciones informáticas de carácter más o menos científico, que comprenden estudios sobre la configuración y características de las manos y el grado de fuerza, sensibilidad y agilidad de los dedos, pero ocurre desgraciadamente lo que explicaba Margarita B. Owen, campeona mundial de mecanografía a principios de siglo, aludiendo a este extremo: “Los autores de libros y métodos mecanográficos normalmente nunca habían alcanzado una velocidad notable en una máquina de escribir.

Esta situación captada por la época dorada de la mecanografía en nuestro país, es decir, por los verdaderos profesionales de entonces, se ha ido degradando paulatinamente hasta nuestros días, encontrándonos con intrusos que se han dedicado a escribir y publicar libros en los que señalan una gran cantidad de reglas, normas y ejercicios que son completamente nocivas e innecesarias para el estudio, aprendizaje y dominio de la mecanografía. Valga como muestra recordar al lector si al abrir las páginas de algún método, sistema o libro que hable de esta especialidad, el autor o autores, manifiestan, como es preceptivo y normal en cualquier autor, su currículum vitae, indicando tanto su especialización como sus logros o títulos que le avalen en la materia que intenta plantear y trata de vender. Nunca lo hemos visto, solamente nombres, autores, centros de enseñanza y otros colectivos, pero ninguna información profesional, ningún logro especial en ella, ninguna mención o condecoración y simple y llanamente porque no existe.

Otro capítulo aparte es preguntar al lector que lea estas manifestaciones: ¿ha visto Vd. –en el caso de haber recibido alguna clase o instrucción mecanográfica- a algún profesor/a de mecanografía escribir a máquina o sobre un teclado informático, bien para explicarle un ejercicio o bien para corregirle las manos o explicarle algún movimiento inadecuado? No hace falta que responda, ya sabemos la contestación.